Los Cuatro Enemigos del Hombre

 

Don Juan, el maestro yaqui de Carlos Castaneda, en “Las EnseĖanzas de Don Juan”, le dice:

 

“ņPuede cualquiera ser un hombre de conocimiento?
-No, no cualquiera,
-ņEntonces qué debe hacer un hombre para volverse hombre de conocimiento?
-Debe desafiar y vencer a sus cuatro enemigos naturales.
-ņSerá un hombre de conocimiento tras derrotar a estos cuatro enemigos?
-Si. Un hombre puede llamarse hombre de conocimiento sólo si es capaz de vencer a los

cuatro.
-Entonces, ņpuede cualquiera que venza a estos enemigos ser un hombre de conocimiento? -Todo el que los venza se convierte en un hombre de conocimiento.
-ņPero hay requisitos especiales que un hombre debe cumplir antes de luchar con estos

enemigos?
-No hay requisitos. Cualquiera puede tratar de llegar a ser hombre de conocimiento; muy

pocos llegan a serlo, pero eso es natural. Los enemigos que un hombre encuentra en el camino para llegar a ser un hombre de conocimiento son de veras formidables, de verdad poderosos; y la mayoría, pues, se pierde.”

-ņQué clase de enemigos son, don Juan.

Se negó a hablar de los enemigos. Dijo que pasaría largo tiempo antes de que el tema tuviera algún sentido para mí. Traté de mantener vivo ese tema, y le pregunté si pensaba que yo podía volverme hombre de conocimiento. Dijo que nadie podía decir eso de seguro. Pero yo insistí en

preguntar si había algunas pistas que él pudiera usar para determinar si yo tenía o no oportunidad de convertirme en un hombre de conocimiento. Dijo que dependería de mi batalla contra los cuatro enemigos -de si podía yo vencerlos o salía vencido- pero que era imposible predecir el resultado de esa lucha.

Le pregunté si podía usar brujería o adivinación para ver el desenlace de la batalla. Dijo terminantemente que los resultados de la contienda no podían anticiparse por ningún medio, porque volverse hombre de conocimiento era cosa temporal. Cuando le pedí explicar este punto, replicó:

-Ser hombre de conocimiento no tiene permanencia. Uno no es nunca en realidad un hombre de conocimiento. Más bien, uno se hace hombre de conocimiento por un instante muy corto, después de vencer a las cuatro enemigos naturales.

-Debe usted decirme, don Juan, qué clase de enemigos son.
No respondió. Insistí de nuevo, pero él abandonó el tema y se puso a hablar de otra cosa.

Domingo, 15 de abril, 1962

Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y serla buena idea escribir lo que él dijese y meditar en ello mientras estaba fuera.

Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar.

-Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.

"Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.

"Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: Ńel miedo! (*) Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda."

-ņQué le pasa al hombre si corre por miedo?

-Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.

-ņY qué puede hacer para superar el miedo?

-La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ŃEsa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora.

"Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural."

-ņOcurre de golpe, don Juan, o poco a poco?
-Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista rápido y de repente.
-ņPero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?
-No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida,

porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever

los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto,

"Y así ha encontrado a su segundo enemigo: Ńla claridad! (**) Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.

"Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro peto incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

-ņQué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ņMuere en consecuencia?

-No, no muere. Su segundo enemigo nomás ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.

-Pero ņqué tiene que hacer para evitar la derrota?

-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya daĖarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.

"Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: Ńel poder! (***)

"El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder.

"Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso."

-ņPerderá su poder?
-No, nunca perderá su claridad ni su poder.
-ņEntonces qué lo distinguirá de un hombre de conocimiento?
-Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo

un carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de si mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.

-La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos ņes definitiva?

-Claro que es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.

-ņEs posible, por ejemplo, que el hombre vencido por el poder vea su error y se corrija?
-No. Una vez que un hombre se rinde, está acabado.
-ņPero si el poder lo ciega temporalmente y luego él lo rechaza?
-Eso quiere decir que la batalla sigue. Quiere decir que todavía está tratando de volverse

hombre de conocimiento. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona.

-Pero entonces, don Juan, es posible que un hombre se abandone al miedo durante aĖos, pero finalmente lo conquiste,

-No, eso no es cierto. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante aĖos, en medio de su miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado a él en realidad.

-ņCómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan?

-Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.

"El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: Ńla vejez! (****) Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.

"Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

"Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes."

 

Notas.-

(*) El “miedo” implica en sus estadios más generales, el “no quiero saber ni conocer”, porque temo a lo desconocido o a cualquier cosa que pueda alterar mi “vida feliz”, de inconsciencia; lo cual implica, así mismo, que “no quiero ser responsable o no tomar nuevas responsabilidades o tareas”. Este estado que, en términos actuales lo podemos describir como estar en la “tercera dimensión”, cuando realmente no es ni siquiera ésta, es solo unidimensional, pues implica hallarnos en la situación de la dualidad entre “me gusta o no me gusta”, pero en realidad “no quiero otra cosa que mi propio placer e ignorancia”; otros le llaman consciencia “infantil” (obviamente con el perdón de muchos niĖos). Debemos sí justificar este estado pues es una situación producida externamente en su origen (recordemos el primer “de-Creto”-para creer- histórico, aquél emitido el aĖo 325, por el Emperador Romano Constantino, llamado “El Credo”, luego de enviar a freír en aceite hirviendo a su “santa madre” Helena, quien había exterminado a la gran mayoría de cristianos y mediante el cual se obligaba a todos los ciudadanos a “creer” obligatoriamente,  y que todo el saber y conocer lo obtendríamos solo de las “autoridades ”y/o a través de la jerarquía de poder del “Sacro Imperio”), pues se había declarado como herejía el “Gnosticismo” (la necesaria y totalmente posible búsqueda del Conocimiento-Gnosis-).

 

(**)El segundo enemigo, la “claridad”, surge cuando el hombre experimenta una cierta “insatisfacción”, “algo le falta” y quiere conocer, quiere saber por cuenta propia. Recién entonces nos hallamos ante una “3Ľ.dimensión”, a una tridimensionalidad en el sentido auténtico: Recién entonces él se separa a sí mismo de él mismo: se convierte en observador de sí mismo, levantando una tercera perpendicular. En este estado, que algunos llaman, el del “hombre Nľ3”, empieza a observar y observarse, a establecer relaciones y analogías, y, finalmente, accede a obtener una “claridad” acerca de cómo funciona el “mundo”, el “cosmos”; en esto lo guía su “centro magnético”, aquél que le dice cómo y adónde buscar. Este estado es su “segundo enemigo, pues puede permanecer en él creyendo que ya logró su meta, pero se engaĖa…Pronto descubre que si bien conoce el “cómo” es incapaz de “hacer”: No puede “hacer”. Aquí conviene mencionar la reflexión que hiciera G.I.Gurdjieff a su alumno P.D Ouspenski: ”El saber que existe un seĖor en New York llamado Rockefeller, no me hace más o menos `Rico¨”. Constata pues que él no “puede”.

 

(***) Pronto él hecha andar, en la práctica, lo que su claridad le ha mostrado, y los pasos que debe efectuar para realmente “poder”. Cree, entonces, haberlo alcanzado, al apreciar los ”resultados”  que produce el conocimiento en él mismo y en otros incluso…..pero aquí se enfrenta recién a su tercer enemigo: Crée “poder” y pretende “usufructuar” de éste…..y “por defecto, conforme a “ley”Ń lo pierde en ése mismo instante! Y cae frente al tercer enemigo: El “poder”.  Y ni siquiera a veces, se da cuenta. De aquí que el usufructuar o “sacar provecho”, en sí mismo (por “defecto”) implica el “tomar algo para sí”, para el “ego” , lo que necesariamente implica la desconexión de lo universal. Aquí hallamos a las “artes mágicas”, “hechicerías”, que característicamente siempre buscan el apoyo de medios externos, a los actuales “coaching”,  e incluso las mal llamadas “tecnologías” pseudo científicas, que solo hacen uso de un conocimiento “heurístico”, empírico, aparente y que no llega a ser uno real: claro que nos hallamos ante una dimensión superior, la que llamamos “cuarta dimensión”, trampa en la que se pierden por esta razón, pues la única teleología permitida es la mostrada por la ley física misma:  la ley de la termodinámica, solo permite o ganar energía (negentropía) o perderla (entropía), al final de la cual solo se halla la “muerte”(tanatos) contraria a lo que buscamos: la “Vida”, el acrecentamiento de la energía (Eros) . Así una expresión conforme a ley del “poder” y que no esta enraizado en el Ego individual es la acción del correcto “demiurgo” (intermediario, “oficiante”), que sirve de conexión entre lo “alto” y lo “bajo”, y  sin identificarse, lo pone a disposición de quienes aún, sin esta ayuda, no lo podrían experimentar y así tener un “sabor”, adelantado, del “Ser” y del “Conocer”.

 

(****) Por último, nos enfrentamos, y como se dice en el texto de Castaneda, a nuestro cuarto enemigo: La “Vejez” operativa y/o cronológica, pues se vence a los cuatro enemigos casi simultáneamente. Este cuarto enemigo se presenta cuando hemos dejado de lado la premisa que: Todo camino es y debe de ser un “camino con corazón” y caemos en el “desaliento” propio de la “vejez”, por ello el  simple artesano , antes que pretender obtener un beneficio o una retribución por su arte, lo efectúa como vocación y cada vez, necesariamente, lo hace mejor, y con ello “crea”, así colabora, aun si solo sintiéndolo, con la creación universal, con el mantenimiento de la “vida”, como aquél sentimiento del Quijote, quien, no importando qué o cuanto arriesgase, lo hacía todo por el objeto trascendente de sus sentimientos, y haciéndolo así, percibe la grandeza del cosmos y coopera también en la creación continua del universo, no involutiva sino evolutivamente y  no solamente alcanza, sino que desde aquél “corazón” en cuyo centro de gravedad se encuentra, halla esa  Quinta dimensión, y las que le siguen, hasta la Luz del Conocimiento Objetivo, en donde están las “llaves (claves) del Reino”.