El “Depredador”                                                                                                                                          (English)

 

"-Este depredador -dijo don Juan-, que por supuesto es un ser inorgánico, no nos es del todo invisible, como lo son otros seres inorgánicos. Creo que de niĖos sí los vemos, y decidimos que son tan terroríficos que no queremos pensar en ellos. Los niĖos podrían, por supuesto, decidir enfocarse en esa visión, pero todo el mundo a su alrededor lo disuade de hacerlo.

»La única alternativa que le queda a la humanidad -continuó- es la disciplina. La disciplina es el único repelente. Pero con disciplina no me refiero a arduas rutinas. No me refiero a levantarse cada maĖana a las cinco y media y a darte baĖos de agua helada hasta ponerte azul. Los chamanes entienden por disciplina la capacidad de enfrentar con serenidad circunstancias que no están incluidas en nuestras expectativas. Para ellos, la disciplina es un arte: el arte de enfrentarse al infinito sin vacilar, no porque sean fuertes y duros, sino porque están llenos de asombro.

-ņDe qué manera sería la disciplina de un brujo un repelente? -pregunté.

-Los chamanes dicen que la disciplina hace que la capa brillante de conciencia se vuelva desabrida al volador -dijo don Juan, escudriĖando mi cara como queriendo encontrar algún signo de incredulidad-. El resultado es que los depredadores se desconciertan. Una capa brillante de conciencia que sea incomible no es parte de su cognición, supongo. Una vez desconcertados, no les queda otra opción que descontinuar su nefasta tarea.

»Si los depredadores no nos comen nuestra capa brillante de conciencia durante un tiempo -continuó-, ésta seguirá creciendo. Simplificando este asunto en extremo, te puedo decir que los chamanes, por medio de su disciplina, empujan a los depredadores lo suficientemente lejos para permitir que su capa brillante de conciencia crezca más allá del nivel de los dedos de los pies. Una vez que pasa este nivel, crece hasta su tamaĖo natural. Los chamanes del México antiguo decían que la capa brillante de conciencia es como un árbol. Si no se lo poda, crece hasta su tamaĖo y volumen naturales. A medida que la conciencia alcanza niveles más altos que los dedos de los pies, tremendas maniobras de percepción se vuelven cosa corriente.

»El gran truco de esos chamanes de tiempos antiguos -continuó don Juan- era sobrecargar la mente del volador con disciplina. Descubrieron que si agotaban la mente del volador con silencio interno, la instalación foránea saldría corriendo, dando al practicante envuelto en tal maniobra la total certeza del origen foráneo de la mente. La instalación foránea vuelve, te aseguro, pero no con la misma fuerza, y comienza un proceso en que la huida de la mente del volador se vuelve rutina, hasta que un día desaparece de forma permanente. ŃUn día de lo más triste! Ése es el día en que tienes que contar con tus propios recursos, que son prácticamente nulos. No hay nadie que te diga qué hacer. No hay una mente de origen foráneo que te dicte las imbecilidades a las que estás habituado.

-Mi maestro, el nagual Julián, les advertía a todos sus discípulos -continuó don Juan-, que éste era el día más duro en la vida de un chamán, pues la verdadera mente que nos pertenece, la suma total de todas nuestras experiencias, después de toda una vida de dominación se ha vuelto tímida, insegura y evasiva. Personalmente, puedo decirte que la verdadera batalla de un chamán comienza en ese momento. El resto es mera preparación.

Me puse verdaderamente agitado. Quería saber más, y sin embargo, un extraĖo sentimiento en mí imploraba que parara. Aludía a oscuros resultados y a castigos, algo así como la ira de Dios descendiendo sobre mí por meterme con algo velado por Dios mismo. Hice un esfuerzo supremo para permitir que mi curiosidad prevaleciera.

-ņQué-qué-qué significa usted -me escuché decir-, con eso de agotar la mente del volador?

-La disciplina definitivamente agota la mente foránea -contestó don Juan-. Entonces, a través de su disciplina, los chamanes se deshacen de la instalación foránea.

Estaba abrumado por sus afirmaciones. O bien don Juan estaba verdaderamente loco, o lo que me estaba diciendo era tan asombroso que me había congelado por completo. Noté, sin embargo, con qué rapidez junté la energía para negarlo todo. Después de un instante de pánico, comencé a reír, como si don Juan me hubiera contado un chiste. Incluso me escuché decir:

-ŃDon Juan, don Juan, es usted incorregible!

Don Juan parecía entender todo lo que estaba sucediéndome. Movió su cabeza de lado a lado y alzó sus ojos a los cielos, en un gesto de fingida desesperación.

-Soy tan incorregible -dijo-, que voy a darle a la mente del volador, que llevas dentro de ti, una sacudida más. Te voy a revelar uno de los secretos más extraordinarios de la brujería. Te voy a describir un hallazgo que les tomó a los chamanes miles de aĖos para verificar y consolidar.

Me miró y sonrió de manera maliciosa.

-La mente del volador huye para siempre cuando un chamán logra asirse a la fuerza vibradora que nos mantiene unidos como conglomerado de fibras energéticas. Si un chamán mantiene esa presión durante suficiente tiempo, la mente del volador huye derrotada. Y eso es exactamente lo que vas a hacer: agarrarte a la energía que te mantiene unido.

Tuve la reacción más inexplicable que jamás hubiera imaginado. Algo en mí literalmente tembló, como si hubiese recibido una sacudida. Entré en un estado de miedo injustificado, el que inmediatamente relacioné con mi entrenamiento religioso.

Don Juan me miró de la cabeza a los pies.

-Temes la ira de Dios, ņverdad? -dijo-. Quédate tranquilo, ése no es tu miedo. Es el temor del volador, que sabe que harás exactamente como te digo.

Sus palabras no me calmaron en absoluto. Me sentí peor. Comencé a convulsionarme de manera involuntaria, sin poder evitarlo.

-No te preocupes -dijo don Juan de manera calma-. Sé, de hecho, que esos ataques se extinguen de lo más pronto. La mente del volador no tiene concentración alguna.

Después de un momento, todo paró, como lo había previsto don Juan. Decir nuevamente que estaba abrumado es un eufemismo. Ésta era la primera vez en mi vida, con o sin don Juan, que no sabía si iba o venía. Quería levantarme de la silla y caminar por la habitación, pero estaba mortalmente asustado. Estaba lleno de aserciones racionales, y a la vez repleto de un miedo infantil. Comencé a respirar profundo, mientras un sudor frío me cubría todo el cuerpo. De alguna manera se había desatado en mí una horrenda visión: sombras negras, fugaces brincando a mi alrededor, dondequiera que mirara.

Cerré los ojos y me recliné sobre el brazo de la silla.-No sé para dónde mirar, don Juan -dije-. Esta noche ha logrado realmente que me pierda. -Estás desgarrado por una lucha interna -dijo don Juan-. Muy en lo profundo, sabes que eres

incapaz de rechazar el acuerdo de que una parte indispensable de ti, tu capa brillante de conciencia, servirá de alimento incomprensible a unas entidades, naturalmente, también incomprensibles. Y otra parte de ti se opondrá a esta situación con toda su fuerza.

»La revolución de los chamanes -continuó-, es que se rehúsan a honrar acuerdos en los que no han participado. Nadie me preguntó si consentía ser comido por seres de otra clase de conciencia. Mis padres me trajeron a este mundo para ser comida, sin más, como lo fueron ellos; fin de la historia. "

Castaneda, Carlos,  "El lado activo del Infinito"

https://youtu.be/WZa8TiVjoxk

 

English version:

 

The Predator

""This predator," don Juan said, "which, of course, is an inorganic being, is not altogether invisible to us, as other inorganic beings are. I think as children we do see it and decide it's so horrific that we don't want to think about it. Children, of course, could insist on focusing on the sight, but everybody else around them dissuades them from doing so.

"The only alternative left for mankind," he continued, "is discipline. Discipline is the only deterrent. But by discipline I don't mean harsh routines. I don't mean waking up every morning at five-thirty and throwing cold water on yourself until you're blue. Sorcerers understand discipline as the capacity to face with serenity odds that are not included in our expectations. For them, discipline is an art: the art of facing infinity without flinching, not because they are strong and tough but because they are filled with awe."

"In what way would the sorcerers' discipline be a deterrent?" I asked.

"Sorcerers say that discipline makes the glowing coat of awareness unpalatable to the flyer," don Juan said, scrutinizing my face as if to discover any signs of disbelief. "The result is that the predators become bewildered. An inedible glowing coat of awareness is not part of their cognition, I suppose. After being bewildered, they don't have any recourse other than refraining from continuing their nefarious task.

"If the predators don't eat our glowing coat of awareness for a while," he went on, "it'll keep on growing. Simplifying this matter to the extreme, I can say that sorcerers, by means of their discipline, push the predators away long enough to allow their glowing coat of awareness to grow beyond the level of the toes. Once it goes beyond the level of the toes, it grows back to its natural size.

The sorcerers of ancient Mexico used to say that the glowing coat of awareness is like a tree. If it is not pruned, it grows to its natural size and volume. As awareness reaches levels higher than the toes, tremendous maneuvers of perception become a matter of course.

"The grand trick of those sorcerers of ancient times," don Juan continued, "was to burden the flyers' mind with discipline. They found out that if they taxed the flyers' mind with inner silence, the foreign installation would flee, giving to any one of the practitioners involved in this maneuver the total certainty of the mind's foreign origin. The foreign installation comes back, I assure you, but not as strong, and a process begins in which the fleeing of the 'flyers' mind becomes routine, until one day it flees permanently. A sad day indeed! That's the day when you have to rely on your own devices, which are nearly zero. There's no one to tell you what to do. There's no mind of foreign origin to dictate the imbecilities you're accustomed to.

"My teacher, the nagual Julian, used to warn all his disciples," don Juan continued, "that this was the toughest day in a sorcerer's life, for the real mind that belongs to us, the sum total of our experience, after a lifetime of domination has been rendered shy, insecure, and shifty. Personally, 1 would say that the real battle of sorcerers begins at that moment. The rest is merely preparation."

I became genuinely agitated. 1 wanted to know more, and yet a strange feeling in me clamored for me to stop. It alluded to dark results and punishment, something like the wrath of God descending on me for tampering with something veiled by God himself. 1 made a supreme effort to allow my curiosity to win.

"What-what-what do you mean," I heard myself say, "by taxing the flyers' mind?"

"Discipline taxes the foreign mind no end," he replied. "So, through their discipline, sorcerers vanquish the foreign installation."

I was overwhelmed by his statements. I believed that don Juan was either certifiably insane or that he was telling me something so awesome that it froze everything in me. I noticed, however how quickly I rallied my energy to deny everything he had said. After an instant of panic, I began to

laugh, as if don Juan had told me a joke. I even heard myself saying, "Don Juan, don Juan, you're incorrigible!"

Don Juan seemed to understand everything I was experiencing. He shook his head from side to side and raised his eyes to the heavens in a gesture of mock despair.

"I am so incorrigible," he said, "that I am going to give the flyers' mind, which you carry inside you, one more jolt. I am going to reveal to you one of the most extraordinary secrets of sorcery. I am going to describe to you a finding that took sorcerers thousands of years to verify and consolidate."

He looked at me and smiled maliciously. "The flyers' mind flees forever," he said, "when a sorcerer succeeds in grabbing on to the vibrating force that holds us together as a conglomerate of energy fields. If a sorcerer maintains that pressure long enough, the flyers' mind flees in defeat. And that's exactly what you are going to do: hold on to the energy that binds you together."

I had the most inexplicable reaction I could have imagined. Something in me actually shook, as if it had received a jolt. I entered into a state of unwarranted fear, which I immediately associated with my religious background.

Don Juan looked at me from head to toe.

"You are fearing the wrath of God, aren't you?" he said. "Rest assured, that's not your fear. It's the flyers' fear, because it knows that you will do exactly as I'm telling you."

His words did not calm me at all. I felt worse. I was actually convulsing involuntarily, and I had no means to stop it.

"Don't worry," don Juan said calmly. "I know for a fact that those attacks wear off very quickly. The flyer's mind has no concentration whatsoever."

After a moment, everything stopped, as don Juan had predicted. To say again that I was bewildered is a euphemism. This was the first time ever, with don Juan or alone, in my life that I didn't know whether I was coming or going. I wanted to get out of the chair and walk around, but I was deathly afraid. I was filled with rational assertions, and at the same time I was filled with an infantile fear. I began to breathe deeply as a cold perspiration covered my entire body. I had somehow unleashed on myself a most godawful sight: black, fleeting shadows jumping all around me, wherever I turned.

I closed my eyes and rested my head on the arm of the stuffed chair. "I don't know which way to turn, don Juan," I said. "Tonight, you have really succeeded in getting me lost."

"You're being torn by an internal struggle," don Juan said. "Down in the depths of you, you know that you are incapable of refusing the agreement that an indispensable part of you, your glowing coat of awareness, is going to serve as an incomprehensible source of nourishment to, naturally, incomprehensible entities. And another part of you will stand against this situation with all its might.

"The sorcerers' revolution," he continued, "is that they refuse to honor agreements in which they did not participate. Nobody ever asked me if I would consent to be eaten by beings of a different kind of awareness. My parents just brought me into this world to be food, like themselves, and that's the end of the story."

Castaneda, Carlos, "The Active Side of Infinity"

https://youtu.be/WZa8TiVjoxk