88

La evolución, el redescubrimiento de nuestras innatas capacidades humanas, derivadas del restablecimiento de nuestra conexión con el “Espíritu”, es inevitable.

Esos “espejitos y cuentitas de colores”, esos “juguetes infantiles” (“tecnologías”) e “ideologías” (nuevos “credos”, inventados por los mismos de los antiguos “credos”), que nos son ofrecidos como substitutos, sucedáneos, a las ilimitadas posibilidades del espíritu humano, son y serán reconocidos como engaĖos ridículos, realmente como “proyecciones” de la psique humana, hacia fuera de nosotros, de aquellas capacidades nuestras interiores.

Nada podrá detener nuestro retorno al espacio del silencio y de la fuerza, bajo las estrellas, allende la palabra, más allá de las orbes limitadas, a aquél espacio común en que, cada vez más y más, nos reconocemos y compartimos, tal cual comparte y reconoce un ubicuo y único cuerpo físico al latido sincopado del único corazón que lo anima.

Es curioso: El conocimiento no es ni nunca fue ni escondido ni secreto, antes bien, es rechazado. Hoy, como nunca, vemos que quienes fuimos iniciados, o como algunos, quienes, meritoriamente, se iniciaron a sí mismos, debemos compartir una comunidad espiritual. Y esto no es discriminador: Siendo como es el conocimiento material, igual que una torta no puede ser dividida infinitamente para todos. Esto implica no un privilegio sino un compromiso y responsabilidad, que deberá ser y será más evidente cada día.

 

88

 

The evolution, the rediscovery of our innate human capacities, derived from the reestablishment of our connection with the "Spirit", is inevitable.

Those “little mirrors and colored little pebbles”, those “children's toys” (“technologies”) and “ideologies” (new “creeds”, concocted by the same authors of the old “creeds”), which are offered to us as substitutes, as replacements, to the unlimited possibilities of the human spirit, are and will be recognized as ridiculous deceptions, really as “projections” of the human psyche, to the outside of ourselves, of those from our interior capacities. Nothing can stop our return to the space of silence and force, under the stars, beyond the word, beyond the limited orbs, to that common space in which, more and more, we recognize and share ourselves, just as it shares and recognizes a ubiquitous and unique physical body to the syncopated beat of the only heart that animates it. Curiously enough: Knowledge neither was ever hidden or secret, rather, it is rejected. Today, as never before, we see this, that we who were initiated, or like some, who, meritoriously, initiated themselves, should share a spiritual community. And this is not discriminatory: Knowledge being as material as anything else, cannot be infinitely divided as a cake cannot for everyone. This implies not a privilege but a commitment and responsibility, which should be and will be more evident every day.

 

88