Conferencia dictada por G.I. Gurdjieff NUEVA YORK, 24 DE FEBRERO, 1924

El hombre est‡ sujeto a muchas influencias, que se pueden dividir en dos categor’as: primero, las que resultan de causas qu’micas y f’sicas, y segundo, las que en su origen son asociativas y son el resultado de nuestro acondicionamiento.
Las influencias f’sico-qu’micas son materiales en su naturaleza y resultan de la mezcla de dos substancias, que produce algo nuevo. Surgen independientemente de nosotros". Actśan desde afuera.

Por ejemplo, las emanaciones de alguien se pueden combinar con las m’as; la mezcla produce algo nuevo. Y esto es verdad no s—lo en lo que se refiere a las emanaciones externas, la misma cosa tambiŽn sucede dentro de un hombre.
Quiz‡s han notado que se sienten a gusto o inc—modos cuando alguien est‡ sentado junto a ustedes. Cuando no hay armon’a nos sentimos inc—modos.

Cada hombre tiene diferentes clases de emanaciones con sus propias leyes que permiten varias combinaciones.
Las emanaciones de un centro forman varias combinaciones con las emanaciones de otro centro. Esta clase de combinaciones son qu’micas. Las emanaciones var’an, hasta dependen de si tomŽ tŽ o cafŽ.

Las influencias asociativas son completamente diferentes. Si alguien me empuja, o si llora, la acci—n que resulta en m’ es mec‡nica. Pone en marcha algśn recuerdo y este recuerdo o asociaci—n hace surgir en m’ otras asociaciones, y as’ sucesivamente. Debido a este shock, mis sentimientos y mis pensamientos cambian. Tal proceso no es qu’mico sino mec‡nico. Estas dos clases de influencias vienen de cosas que est‡n cerca de nosotros. Pero tambiŽn hay otras influencias que vienen de grandes centros, tales como la tierra, los planetas y el sol, en donde operan leyes de un orden diferente. Al mismo tiempo hay muchas influencias de estas grandes entidades que no pueden alcanzamos si estamos enteramente bajo la influencia de cosas peque–as.

Primero, hablaremos de influencias f’sico-qu’micas. Dije que el hombre tiene varios centros. HablŽ sobre el carruaje, el caballo y el cochero, y tambiŽn sobre las varas, las riendas y el Žter. Todo tiene sus emanaciones y su atm—sfera. La naturaleza de cada atm—sfera es diferente de otras, porque cada una tiene un origen diferente, cada una tiene propiedades diferentes y un contenido diferente. Son similares unas a otras, pero las vibraciones de su materia difieren.

El carruaje, nuestro cuerpo, tiene una atm—sfera con sus propias caracter’sticas especiales. Mis sentimientos tambiŽn producen una atm—sfera, cuyas emanaciones pueden ir muy lejos. Cuando pienso como consecuencia de mis asociaciones, el resultado es una tercera clase de emanaciones.

Cuando hay un pasajero, en vez de un lugar vac’o en el carruaje, las emanaciones tambiŽn son diferentes, distintas de las emanaciones del cochero. El pasajero no es ningśn bobo rśstico; Žl piensa en la filosof’a y no en el whisky.
Por lo tanto cada hombre puede tener, aunque no necesariamente, cuatro clases de emanaciones. De algunas emanaciones puede tener m‡s, de otras menos. La gente es diferente a este respecto; y uno y el mismo hombre puede tambiŽn ser diferente en diferentes momentos. Yo tomŽ cafŽ pero Žl no; la atm—sfera es distinta. Yo fumo pero ella suspira. Siempre hay interacci—n, a veces mala para m’, otras veces buena. A cada momento soy esto o aquello y alrededor m’o es as’ o as‡. Y las influencias dentro de m’ tambiŽn var’an. No puedo cambiar nada. Soy un esclavo. A estas influencias las llamo f’sico-qu’micas.

Por otro lado, las influencias asociativas son completamente diferentes. Tomemos

primero las influencias asociativas sobre m’ de la "forma". La forma me influencia. Estoy acostumbrado a ver una forma particular, y cuando est‡ ausente, tengo miedo. La forma da el shock inicial a mis asociaciones. Por ejemplo, la belleza tambiŽn es forma. En realidad no podemos ver la forma como es, solamente vemos una imagen.

La segunda de estas influencias asociativas es la de mis sentimientos, mis simpat’as o antipat’as. Los sentimientos de alguien me afectan y mis sentimientos reaccionan correspondientemente. Pero algunas veces sucede al revŽs. Depende de las combinaciones. O Žl me influencia a m’ o yo lo influencio a Žl. Esta influencia puede llamarse "relaci—n".

La tercera de estas influencias asociativas puede llamarse "persuasi—n" o "sugesti—n". Por ejemplo, un hombre persuade a otro con palabras. Alguien lo persuade a usted, usted persuade a otro. Todo el mundo persuade, todo el mundo sugestiona.
La cuarta de estas influencias asociativas es la superioridad de un hombre sobre otro. En este caso puede no haber influencia de forma o sentimiento. Podemos saber que cierto hombre es m‡s listo, m‡s rico, y sabe hablar sobre ciertas cosas; en una palabra, posee algo especial, alguna autoridad. Esto nos afecta porque es superior a nosotros y sucede sin ningśn sentimiento.

As’ que estas son ocho clases de influencias. La mitad de ellas son f’sico-qu’micas, la otra mitad, asociativas.
Adem‡s, existen otras influencias que nos afectan muy seriamente. Cada momento de nuestra vida, cada sentimiento y pensamiento est‡ coloreado por influencias planetarias. De estas influencias tambiŽn somos esclavos.

Me detendrŽ s—lo brevemente en este aspecto y luego regresarŽ al tema principal. No se olviden de lo que hemos estado hablando. La mayor’a de la gente es inconsecuente y constantemente se aleja del tema.
La tierra y todos los dem‡s planetas est‡n en constante movimiento, cada uno a diferente velocidad. A veces se acercan uno al otro, otras veces se alejan uno del otro. De este modo su mutua interacci—n se intensifica o debilita, o hasta cesa completamente. Hablando en general, las influencias planetarias en la tierra se alternan: a veces actśa un planeta, a veces otro, a veces un tercero y as’ sucesivamente. Algśn d’a examinaremos la influencia de cada planeta por separado, pero ahora, para darles una idea general, los tomaremos en su totalidad.

Esquem‡ticamente podemos figurarnos estas influencias de la manera siguiente. Imaginen una gran rueda suspendida verticalmente sobre la tierra, con siete o nueve enormes proyectores de colores, fijados alrededor del borde. La rueda gira, y primero la luz de un proyector, y luego la de otro, se dirige hacia la tierra; as’, la tierra siempre est‡ coloreada por la luz del proyector que la ilumina en un momento dado.

Todos los seres nacidos en la tierra son coloreados por la luz que prevalece en el momento de su nacimiento, y conservan este color durante toda la vida. Tal como no puede haber efecto sin causa, as’ no puede haber causa sin efecto. Y, efectivamente, los planetas tienen una influencia tremenda, tanto en la vida de la humanidad en general, como en la vida de cada individuo. Es un gran error de la ciencia moderna el no reconocer esta influencia. Por otro lado, esta influencia no es tan grande como nos lo quieren hacer creer los "astr—logos" modernos.

El hombre es un producto de la interacci—n de tres clases de materia: positiva (atm—sfera de la tierra), negativa (minerales, metales) y una tercera combinaci—n, influencias planetarias, la cual viene de afuera y se encuentra con estas dos materias. Esta fuerza neutralizante es la influencia planetaria que colorea cada vida reciŽn nacida. Esta coloraci—n permanece durante toda su existencia. Si el color fue rojo, entonces cuando esta vida se encuentra con el rojo, se siente en correspondencia con Žl.

Ciertas combinaciones de colores tienen un efecto calmante, otras un efecto perturbador. Cada color tiene su propiedad peculiar. Hay una ley en esto; depende de diferencias qu’micas. Hay, por as’ decir, combinaciones que congenian y otras que no congenian. Por ejemplo, el rojo estimula la ira, el azul despierta el amor. La belicosidad corresponde al amarillo. As’, si tengo la predisposici—n a perder el control repentinamente, es debido a la influencia de los planetas.

Esto no quiere decir que ustedes o yo seamos de hecho as’, pero podemos serlo. Puede haber influencias m‡s fuertes. Algunas veces otra influencia actśa desde el interior y les impide sentir la influencia externa; pueden tener una preocupaci—n tan fuerte que est‡n, por decirlo as’, encerrados dentro de una armadura. Y esto es as’ no s—lo con influencias planetarias. A menudo una influencia distante no puede alcanzarlos. Mientras m‡s remota la influencia, m‡s dŽbil es. Y aun si fuera enviada especialmente para ustedes, podr’a no alcanzarlos, porque su armadura lo impedir’a.

Mientras m‡s desarrollado est‡ un hombre, m‡s sujeto est‡ a influencias. A veces, deseando liberamos de influencias, nos liberamos de una y caemos bajo muchas otras, y as’ nos volvemos todav’a menos libres, aśn m‡s esclavos.
Hemos hablado de nueve influencias. Siempre todo nos influencia. Cada pensamiento, sentimiento, movimiento, es resultado de una u otra influencia. Todo lo que hacemos, todas nuestras manifestaciones son lo que son porque algo nos influencia desde afuera. Algunas veces esta esclavitud nos humilla, otras no; depende de lo que nos gusta. TambiŽn estamos bajo muchas influencias que compartimos en comśn con los animales. Podemos querer liberamos de una o dos, pero habiŽndonos liberado de ellas, podemos adquirir otras diez. Por otro lado, s’ tenemos cierta elecci—n, o sea, podemos conservar algunas y liberamos de otras. Es posible liberarse de dos clases de influencias. Para liberarse de influencias f’sico-qu’micas, hay que ser pasivo. Repito, estas son las influencias que se deben a las emanaciones de la atm—sfera del cuerpo, del sentimiento, del pensamiento, y en algunas personas tambiŽn del Žter. Para poder resistir estas influencias, uno tiene que ser pasivo. Entonces es posible liberarse un poco de ellas. Aqu’ opera la ley de atracci—n. Lo semejante atrae a lo semejante. Esto es, todo va hacia el lugar donde hay m‡s de la misma clase. Al que tiene mucho, m‡s le ser‡ dado. Y al que tiene poco, aun eso le ser‡ quitado.

Si estoy tranquilo, mis emanaciones son pesadas, as’ que otras emanaciones me llegan y puedo absorberlas, en la medida que tenga lugar para ellas. Pero si estoy agitado no tengo suficientes emanaciones, porque est‡n saliendo hacia otras.
Si me llegan emanaciones, llenan lugares desocupados, porque son necesarias donde hay un vac’o. Las emanaciones permanecen donde hay calma, donde no hay fricci—n, donde hay un lugar vac’o. Si no hay espacio, si todo est‡ lleno, las emanaciones pueden chocar contra m’, pero rebotan o pasan de largo. Si estoy en calma tengo un sitio desocupado de modo que puedo recibirlas, pero si estoy lleno no me perturban. Por lo tanto, en ambos casos estoy en una buena posici—n.

Para liberamos de influencias de la segunda clase, esto es, de las asociativas, se requiere una lucha artificial. Aqu’ actśa la ley de repulsi—n. Esta ley consiste en el hecho de que donde hay poco, m‡s es a–adido, es decir, es el reverso de la primera ley. Con las influencias de esta clase, todo procede de acuerdo a la ley de repulsi—n.

As’ que para liberarse de influencias hay dos principios distintos para las dos diferentes clases de influencias. Si ustedes quieren estar libres deben saber cual principio aplicar en cada caso particular. Si aplican repulsi—n donde se requiere atracci—n, estar‡n perdidos. Muchos hacen lo contrario de lo que es requerido. Es muy f‡cil discriminar entre estas dos influencias; puede hacerse de inmediato.

En el caso de otras influencias uno debe tener mucho conocimiento. Pero estas dos

clases de influencias son simples; todos, si se toman la molestia de mirar, pueden ver quŽ clase de influencia es. Pero algunas personas, aunque saben que existen las emanaciones, no conocen la diferencia entre ellas. Sin embargo, es f‡cil distinguir emanaciones si uno las observa de cerca. Es muy interesante embarcarse en tal estudio; diariamente uno obtiene resultados m‡s grandes, uno adquiere un gusto para discriminar. Pero es muy dif’cil explicarlo te—ricamente.

Es imposible obtener un resultado de inmediato y liberarse de estas influencias de golpe. Pero para todos es posible estudiar y discriminar.
El cambio es una meta lejana, que requiere mucho tiempo y labor. Pero el estudio no toma mucho tiempo. Y si ustedes se preparan para el cambio ser‡ menos dif’cil, no necesitar‡n perder tiempo en discriminar.

Estudiar la segunda clase de influencias, o sea la asociativa, es m‡s f‡cil en la pr‡ctica. Por ejemplo, tomemos la influencia a travŽs de la forma. Usted o yo nos influenciamos uno al otro. Pero la forma es externa: movimientos, vestidos, aseo o lo contrario, lo que generalmente se llama la "m‡scara". Si se comprende, f‡cilmente se puede cambiarla. Por ejemplo, a Žl usted le gusta de negro y a travŽs de esto usted lo puede influenciar. O ella puede influenciarla a usted. ŔPero quiere usted cambiar su vestido s—lo para Žl, o para muchos? Algunas personas quieren hacerlo s—lo para Žl, otras no. Algunas veces es necesario adaptarse. Nunca tomen nada literalmente. Digo esto s—lo como un ejemplo. En lo que se refiere a la segunda clase de influencias asociativas, lo que hemos llamado sentimiento y relaci—n, deber’amos saber que la actitud de los dem‡s hacia nosotros depende de nosotros. Para vivir inteligentemente, es muy importante comprender que la responsabilidad por casi cualquier sentimiento, bueno o malo, yace en ustedes, en su actitud externa e interna. La actitud de otras personas a menudo refleja la propia actitud: usted empieza y la otra persona hace lo mismo. Usted ama, ella ama. Usted est‡ enojado, ella est‡ enojada. Es una ley: uno recibe lo que da. Pero algunas veces es diferente. A veces uno deber’a amar a alguien y no amar a otro. A veces si a usted le gusta ella, a ella no le gusta usted, pero en cuanto usted deja de quererla, ella empieza a quererlo. Esto se debe a leyes f’sico-qu’micas.

Todo es el resultado de tres fuerzas: en todas partes hay afirmaci—n y negaci—n, c‡todo y ‡nodo. El hombre, la tierra, todo es como un im‡n. La diferencia est‡ solamente en la cantidad de emanaciones. En todas partes dos fuerzas est‡n operando, una atrayendo, la otra repeliendo. Como dije, el hombre tambiŽn es un im‡n. La mano derecha empuja, la mano izquierda jala o viceversa. Algunas cosas tienen muchas emanaciones, otras menos, pero todo atrae o repele. Siempre hay empujar y jalar o jalar y empujar. Cuando uno tiene su empujar y jalar bien equilibrado con otra persona, entonces hay amor y un ajuste correcto. Por lo tanto los resultados pueden ser muy diferentes. Segśn haya o no correspondencia, cuando yo empujo y Žl jala, el resultado ser‡ muy diferente. A veces ambos, Žl y yo, rechazamos. Si hay una cierta correspondencia la influencia que resulta es calmante. Si no, es lo opuesto. Una cosa depende de otra. Por ejemplo, yo no puedo estar tranquilo; yo empujo y Žl jala. O no puedo estar tranquilo si no puedo alterar la situaci—n. Pero podemos intentar algśn ajuste. Hay una ley que establece que despuŽs de un empuje hay una pausa. Podemos usar esta pausa si la podemos prolongar y no apresuramos hacia el empuje siguiente. Si podemos estar quietos, entonces podemos sacar ventaja de las vibraciones que siguen a un empuje.

Todos pueden detenerse porque hay una ley que dice que todo se mueve s—lo mientras dura el "momentum". Entonces se detiene. El o yo podemos detenerlo. Todo sucede de esta manera. Un shock al cerebro, y empiezan las vibraciones. Las vibraciones continśan por inercia, de forma similar a los c’rculos en la superficie del agua cuando se arroja una piedra. Aun si el impacto es fuerte, pasa un largo tiempo pero el movimiento

se aminora. Lo mismo pasa con las vibraciones en el cerebro. Si no continśo dando shocks, se detienen, se aquietan. Uno deber’a aprender a detenerlas.
Si actśo conscientemente, la interacci—n ser‡ consciente. Si actśo inconscientemente, todo ser‡ el resultado de lo que estoy emitiendo. Yo afirmo algo, entonces Žl empieza a negarlo. Yo digo esto es negro; Žl sabe que es negro pero tiene ganas de discutir y empieza a afirmar que es blanco. Si me pongo de acuerdo con Žl deliberadamente, Žl se dar‡ vuelta y afirmar‡ lo que neg— antes. No puede estar de acuerdo porque cada shock provoca en Žl lo opuesto. Si se cansa puede acceder externamente pero no internamente. Por ejemplo, yo le veo a usted y me gusta su cara. Este nuevo shock, m‡s fuerte que la conversaci—n, me hace acceder externamente. A veces uno ya est‡ de acuerdo pero continśa discutiendo.

Es muy interesante observar la conversaci—n de otra gente, si uno mismo est‡ fuera de ella. Es mucho m‡s interesante que el cine. A veces dos personas hablan de la misma cosa: una afirma algo, la otro no comprende, pero discute, aunque es de la misma opini—n.

Todo es mec‡nico. Acerca de las relaciones, podemos formularlo de esta manera: nuestras relaciones externas dependen de nosotros. Las podemos cambiar si tomamos las medidas necesarias.
La tercera clase de influencias, la sugesti—n, es muy poderosa. Todas las personas est‡n bajo la influencia de la sugesti—n; una persona sugestiona a otra. Muchas sugestiones ocurren muy f‡cilmente, sobre todo s’ no sabemos que estamos siendo expuestos a la sugesti—n. Pero aunque s’ lo sepamos, las sugestiones penetran. Es muy importante comprender cierta ley. Como regla general, en cada momento de nuestra vida trabaja s—lo un centro en nosotros: la mente o el sentimiento. Nuestro sentimiento es de cierta clase cuando otro centro no est‡ observando, cuando est‡ ausente la capacidad de criticar. Por s’ mismo un centro no tiene conciencia, no tiene memoria; es un pedazo de una clase particular de carne sin sal, un —rgano, una cierta combinaci—n de substancias que simplemente posee una capacidad especial para grabar. Efectivamente, se asemeja mucho a la capa sensible de una cinta magnŽtica. Si le digo algo, despuŽs lo puede repetir. Es completamente mec‡nico, org‡nicamente mec‡nico. Todos los centros difieren ligeramente en cuanto a su substancia, pero sus propiedades son las mismas. Ahora, si le digo a un centro que usted es bella, Žl lo cree. Si le digo que esto es rojo, tambiŽn lo cree. Pero no comprende, su comprensi—n es completamente subjetiva. M‡s tarde, si le hago una pregunta, contestar‡ repitiendo lo que yo he dicho. No cambiar‡ ni en cien, ni en mil a–os; siempre permanecer‡ igual. Nuestra mente no tiene ninguna facultad cr’tica de por s’, ninguna conciencia, nada de eso. Y todos los dem‡s centros son iguales.

Entonces, ŔquŽ es nuestra conciencia, nuestro memoria, nuestra facultad cr’tica? Es muy sencillo. Aparece cuando un centro observa a otro de manera especial, cuando ve y siente lo que est‡ sucediendo ah’ y, al verlo, lo registra todo dentro de s’. Recibe nuevas impresiones, y m‡s tarde, si deseamos saber lo que pas— la vez anterior, si preguntamos y buscamos en otro centro, podremos encontrar lo que ha sucedido en el primer centro. Es lo mismo con nuestra facultad cr’tica: un centro observa a otro. Con un centro sabemos que esta cosa es roja, pero otro centro la ve como azul. Un centro siempre est‡ tratando de persuadir a otro. Esto es lo que es la cr’tica. Si dos centros siguen por largo tiempo en desacuerdo sobre alguna cosa, este desacuerdo nos impide pensar en esa cosa m‡s profundamente. Si otro centro nos est‡ observando, el primero sigue pensando como lo hizo originalmente.

Muy rara vez observamos un centro desde otro, s—lo algunas veces, quiz‡ un minuto al d’a. Cuando estamos dormidos nunca miramos a un centro desde otro, lo hacemos s—lo

a veces cuando estamos despiertos.
En la mayor’a de los casos cada centro vive su propia vida. Cree todo lo que oye sin cr’tica, y registra todo tal como lo ha o’do. Si oye algo que ha o’do antes, simplemente lo registra. Si algo que oye es incorrecto, por ejemplo, algo era rojo antes y ahora es azul, se resiste, no porque quiera averiguar lo que es correcto, sino simplemente porque no lo cree inmediatamente. Pero s’, cree, cree todo. Si algo es diferente, solamente necesita tiempo para que las percepciones se asienten. Si otro centro nos est‡ observando en ese momento, graba azul sobre rojo. Y as’ el azul y el rojo quedan juntos y m‡s tarde, cuando o’mos la cinta, empieza a contestar "rojo". Pero es igualmente probable que el "azul" de repente aparezca.
Es posible para nosotros asegurar una percepci—n cr’tica de material nuevo si tenemos cuidado de que, durante la percepci—n, otro centro estŽ alerta y perciba este material desde otro ‡ngulo.
Supongamos que ahora digo algo nuevo. Si me escuchan con un solo centro no habr‡ nada nuevo para ustedes en lo que estoy diciendo; necesitan escuchar de una manera diferente. De otro modo, tal como antes no hab’a nada, tampoco no habr‡ nada ahora. El valor ser‡ el mismo: el azul ser‡ rojo, o viceversa, y de nuevo no habr‡ conocimiento. El azul puede convertirse en amarillo. Si quieren o’r cosas nuevas de una manera nueva, deben escuchar de una manera nueva. Esto es necesario no solamente en el trabajo, sino tambiŽn en la vida. Pueden volverse un poco m‡s libres en la vida, m‡s seguros, si empiezan a interesarse en todas las cosas nuevas y recordarlas a travŽs de nuevos mŽtodos. Este nuevo mŽtodo puede ser comprendido f‡cilmente. Ya no ser’a totalmente autom‡tico, sino semiautom‡tico. Este nuevo mŽtodo consiste en lo siguiente: cuando ya est‡ presente el pensamiento traten de sentir. Cuando sientan algo, traten de dirigir sus pensamientos hacia sus sentimientos. Hasta ahora el pensamiento y el sentimiento han estado separados. Empiecen a observar su mente: sientan lo que piensan. Prep‡rense para ma–ana: y protŽjanse del enga–o. Hablando en general, nunca comprender‡n lo que deseo transmitirles si meramente escuchan. Consideren todo lo que ya saben, todo lo que han le’do, todo lo que han visto, todo lo que les ha sido mostrado; estoy seguro de que no comprenden nada de todo esto. Aunque se pregunten sinceramente: Ŕcomprendemos por quŽ dos y dos son cuatro?, encontrar‡n que no est‡n seguros ni siquiera de eso. S—lo se lo oyeron decir a alguien y repiten lo que han o’do. Y no comprenden nada no s—lo en cuestiones de la vida diaria, sino tampoco en asuntos m‡s elevados y serios. Todo lo que tienen no es suyo.
Tienen una lata de basura y, hasta ahora, han estado arrojando cosas en ella. Hay muchas cosas valiosas all’ que ustedes podr’an aprovechar. Hay especialistas que coleccionan toda clase de desperdicios de las latas de basura; algunos ganan mucho dinero de esta manera. En sus latas de basura ustedes tienen suficiente material para comprender todo. Si comprenden, conocer‡n todo. No hay necesidad de poner m‡s en esta lata de basura, todo est‡ ah’. Pero no hay comprensi—n; el lugar de la comprensi—n est‡ completamente vac’o.
Pueden tener una gran cantidad de dinero que no les pertenece, pero ser’a mejor para ustedes tener mucho menos, aunque s—lo fueran cien d—lares propios. Pero nada de lo que tienen es suyo.
Una idea grande deber’a ser considerada s—lo con una amplia comprensi—n. En cuanto a nosotros, las peque–as ideas son todo lo que somos capaces de comprender, si es que acaso podemos comprender aśn Žstas. Generalmente es mejor tener una peque–a cosa adentro que algo grande afuera. T—mense su tiempo. Pueden tomar cualquier cosa que quieran y pensar en ella, pero piensen de un modo diferente del que han pensado antes.